Buscarse a uno mismo en los demás y además hacerlo mirando atrás en el tiempo es indudablemente remar a contracorriente en la era del selfie. El narcisismo se ha convertido en vicio y, alejado del camino del autoconocimiento, distrae con complacientes banalidades. De esta suerte, Danielle van Zadelhoff (Ámsterdam 1963) ha encontrado un camino solitario e introspectivo, intentando reflejar su propia identidad en las imágenes que capta de los otros. Personajes que en ocasiones nos trasladan a otras épocas envueltas en un claroscuro que ensalza su psicología. El retratado cobra tanta importancia como la idea del autorretrato en la obra de la fotógrafa holandesa. El tiempo pierde su dimensión.

Blue turban, 2015 Blue turban, 2015 DANIELLE VAN ZADERLHOFF

“Me fascina ‘el tiempo’. El tiempo es un concepto relativo. En mis fotografías conecto el pasado, el presente y el futuro. La vida y la muerte son importantes en mi obra”, señala Van Zadelhoff, cuya obra llega por primera vez a España en una exposición en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga. Bajo el titulo Relatos del alma se muestran 55 de sus fotografías. La artista “no solo posee un gran conocimiento e interés por el arte antiguo, sino que es, además, una manera de distanciarse de los asuntos que desea interpretar”, escribe Fernando Francés, director del CAC Málaga y comisario de la muestra, en el catálogo que la acompaña. “Pudiéramos pensar en una treta, un sortilegio, un señuelo, en el que distraer la atención del espectador para que este no se percate de la cualidad reflexiva de la autora”.

La fotógrafa vive en un castillo que fue reconstruido en 1610. “Una casa llena de historia. Fue viviendo allí cuando me acostumbré a la luz y a la sombra, que para mi representan las contradicciones del ser humano”, cuenta Van Zadelhoff. “Creo que la emoción radica en la contradicción entre la luz y la oscuridad. Jugar con esto me fascina. La luz y la sombra muestra al ser humano de forma integral. La luz es el lado más obvio; la sombra, el menos desarrollado y el más interesante. La sombra representa la parte subconsciente e inconsciente del hombre. Es la parte que me interesa descubrir tanto en los demás como en mí misma.” El existencialismo de Sartre y Simone de Beauvoir, así como Willem Frederik Hermans, ha marcado su obra. “Me atrae la ‘condición humana’, las emociones y la vulnerabilidad del ser humano”.

Su padre, pintor y escultor, sentó las bases para su creatividad artística. Dedicada a la restauración de castillos medievales, poco a poco su mente fue poblándose de unos seres a los que recrearía después de una crisis personal. “Sentí que necesitaba expresarme. Compré una cámara y tomé mis primeras instantáneas”, recuerda la autora. “El resultado me conmovió. Descubrí que podía ser capaz de capturar y congelar aquella emoción que me sacudía. Me considero más una artista que una fotógrafa”.

Sus modelos proceden de distintos círculos de su vida. “No son del todo extraños y en cualquier caso son personas que me han conmovido como seres humanos antes de que posaran para mí”, señala la fotógrafa. “Con frecuencia, vienen a mi estudio en más de una ocasión. Normalmente no sé cual va a ser el resultado. Es un proceso intuitivo, una búsqueda, una dinámica entre el modelo y yo misma”.

En su obra se identifica la influencia de la pintura renacentista y barroca, caracterizada por ese claroscuro que da vida a unos personajes que nos inquietan tanto como nos reconfortan. Estos personajes, aunque situados a veces en una escenografía del pasado, hacen referencia a temas de la actualidad social, como lo son el feminismo o la iglesia. Por ejemplo, en Paradise 1 y Paradise 2, al tratar el tema de la tentación, Adán ha dejado de ser la víctima y se convierte en el provocador. “Una mirada atenta descubre que las tentaciones por las que la artista siente atracción no son las legendarias del Antiguo Testamento sino las que nuestro complejo y controvertido mundo contemporáneo nos ofrece cada día. Ese guiño sutil no está oculto pero requiere una capacidad interpretadora del espectador”, apunta Francés. En Believe 1 y Believe 2, un representante de la iglesia da la espalda al espectador, en clara alusión a su actitud frente a la pederastia, el sida o la homosexualidad.

Bird, 2016 Bird, 2016 DANIELLE VAN ZADERHOFF

La religión ha tenido mucho peso en la trayectoria de la artista. “Mi abuela era católica. Y además hubo otras religiones (la iglesia protestante o el judaísmo) que conformaron mi ambiente familiar, escolar y cultural, explica Van Zadelhoff. “Me intriga mucho el sentimiento de entrega total. Es un tema que está muy presente en muchas de mis fotografías. Confiar y entregarse completamente, bien a un Dios o a otra persona (la entrega emocional o sexual) es lo más duro de la vida.

Resulta inevitable establecer una comparación con la obra del fotógrafo francés Pierre Gonnord. “Para mi existe una diferencia entre la mirada del hombre y de la mujer como fotógrafos”, destaca la artista. “Creo que mis imágenes enfatizan más el tema de la vida y la muerte, y lo hacen desde una perspectiva femenina y existencial. Buscó las emociones humanas que me conmueven, los reflejos psicológicos de mi psique”.