Graduación 2017

3ra. promoción de Diplomados y Certificados profesionales del CiEF

3ra. promoción CiEF – Marzo 2017

El 1 de Marzo tuvimos nuestro acto de graduación de la tercera promoción de nuestro programa CiEF-UCAB de Diplomados básico y Avanzado y Certificación profesional. Fue un motivo de inmensa alegría haber llegado a 150 graduados en nuestros programas, profesionales de la imagen que ya están teniendo impacto nacional e internacional.

Como la verdadera validación de un programa de estudios, y de una institución, es la calidad de sus egresados, reproducimos aquí el discurso que Katherine Muñoz, graduada de nuestro diplomado avanzado y recientemente ganadora del concurso que organiza la Galería Tresy3, dio en representación de los graduandos.

***

 Muy buenos días a la directiva del Centro de Investigaciones y Estudios Fotográficos (CiEF), a las autoridades del Centro de Artes Integradas (CAI) y de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). 

Buenos días, graduandos, profesores y familiares. 

Agradezco el honor de dirigirme a ustedes a través de estas breves palabras que surgen como respuesta prematura ante la petición de un discurso para el acto de graduación de los Diplomados Básico y Avanzado, y Certificación profesional del CiEF, que espero no por ser breves dejen de ser significativas. Sin embargo, creo que toda introducción suele estar repleta de incertidumbres y esta no será la excepción. 

Así que lo intento, me permito resumir en términos generales una experiencia que fue y es más bien particular, que transcurrió en un espacio que no generaliza, por el contrario, realza los acentos peculiares que pueden surgir en un mismo salón de clases. Me refiero al Centro de Investigaciones y Estudios Fotográficos (CiEF). 

La decisión, el compromiso de adentrarme en la aventura de la fotografía no fue fortuita. El CiEF tuvo mucho o todo que ver: sentó las bases para que la imagen y yo estrecháramos lazos permanentes. Aquí, hallé a un grupo de docentes que resultaron luz ante la incertidumbre. Un espacio donde lo personal, las ideas y las emociones de un individuo se encuentran con las experiencias de un grupo similar o ajeno, con el que tuve la fortuna de aprender, asombrarme, sensibilizarme y dialogar de una forma más íntima. Más profunda. 

Un lugar donde también habité en silencio, me cuestioné insistentemente ante las señales definitivas de naufragio o -si tenía algo de suerte- ante la emoción de una imagen que lograba enmudecerme. 

Porque sí, una imagen debía consistir en algo más que limitarse a seguir un conjunto de normas técnicas. Y por supuesto que hay más. Afortunadamente hay más. Hay subjetividad, hay espacios para la interpretación, el encuentro. Porque la fotografía es una experiencia propia, única, particular, que deja fluir la necesidad de expresión que hay en nosotros. Nada sucede si no hay nada que decir. 

Así, la cámara y sus recursos auxiliares solo constituyen el inicio de este camino. Luego descubres que la imagen tiene su propia sintaxis, sus fracturas, individualmente y en conjunto. Comprendes que todos los aspectos de un proyecto fotográfico son vitales. Partiendo de los procesos de creación y los elementos de composición. La experiencia de ser parte de una imagen. Observar sabiéndose implicado y habitar, permanecer en esa mirada. Hilar significados, darle sentido a lo que hemos registrado. 

Las imágenes entonces se vuelven más complejas y, seguramente, ustedes se cuestionaron al igual que yo ¿por qué hago esto? la reflexión es íntima y les pertenece, pero creo que en nosotros empezó a prevalecer nuestra intención expresiva sobre aspectos técnicos. Caminamos entre una evolución e involución para dar tímidos destellos de nuestro propio lenguaje visual. 

Por tanto, no existen gestos aislados en la formación académica del CiEF. Todas las materias vistas engranaron con el tiempo, y formaron un todo acumulado, asentado en nosotros que nos permitió aventurarnos a explorar temas que -en el fondo- son un reflejo de nosotros. 

Volar en cenital, tener una vista general, también fue necesario en nuestro recorrido. Hay que atreverse a transitar por diversos caminos y desvíos para luego aterrizar en las particularidades que nos son más afines: retrato, desnudo, fotoperiodismo, documentalismo, paisajismo, todo aquello que tiene una fascinación particular en ustedes. Todo fue necesario. 

Debo decir, con honestidad, que ninguna escuela por la que transité causó tal movilización en mí como lo hizo el CiEF. Existe una afinidad latente con la fotografía, claro está, pero resulta esencial, al menos para mí, reconocer el trabajo fundamental de los docentes. Ellos fueron la columna vertebral de toda esta aventura personal. A ellos, gracias, enriquecieron generosamente, ampliamente mi visión, y me atrevo a decir que la de todos los que nos encontramos hoy aquí. Aquellas horas, meses de empañamiento por darle cuerpo visual a una experiencia siempre estuvieron acompañados por grandes docentes. 

Gracias también al maravilloso grupo de compañeros con el que tuve el placer de compartir desde el inicio y a todos aquellos que se sumaron en el camino. El salón de clases fue un espacio más inspirador, repleto de motivación gracias a ustedes, a sus trabajos. 

Porque resulta imposible no recordar aquella vez que nos tembló la voz al hablar de un proyecto fotográfico, cuando nos hallamos perdidos antes las demandas exigentes del trimestre. Sufrimos, por supuesto, pero también se aprende. Se comprende. Resolver la tensión, reflexionar íntimamente y responderse desde los rincones más remotos tiene sus positivos. 

Porque, finalmente ¿Qué sería de nosotros si nuestras profundidades naturales no poblasen nuestras imágenes? ¿Sin el auxilio de la fotografía? ¿Qué nos queda? 

Queda la experiencia de haber sido parte de la imagen. La certeza de que lo realmente significativo amerita tiempo. Queda la certidumbre de hallarnos. 

Todo se resume a eso. 

Muchas gracias y mis sinceras felicidades a los graduandos.

Katherine Muñoz