Dentro de las visiones idealistas propias del movimiento moderno, se suscribió en 1933 un manifiesto urbanístico conocido como La carta de Atenas. Eran las conclusiones del IV Congreso Internacional de Arquitectura Moderna celebrado en Europa y liderizado por el reconocido arquitecto Le Corbusier. En este documento se determinó lo que debería ser “la ciudad funcional” a través de la separación espacial de los lugares de residencia, trabajo, ocio y circulación. Aunque estas ideas fueron llevadas en algunos casos a extremos, como en el diseño de Brasilia en 1960, donde las zonas residenciales prácticamente carecen de comercios, en las áreas comerciales nadie vive y las administrativas sólo se usan para trabajar, en general las distancias que separan estas áreas funcionales dentro de las ciudades modernas, hicieron del transporte urbano un servicio público imprescindible.

La aparición del petróleo y la subsecuente modernidad determinaron que el transporte público en Venezuela se haría por medio de autobuses, y a través de innumerables vías y rutas. Hoy muchas de estas languidecen bajo el peso de la crisis. La ruta Los Magallanes – Chacaíto comenzó a operar en el año 1964 con 120 flamantes unidades marca Mercedes Benz para 50 pasajeros, pero hoy apenas funcionan a duras penas unas 15 unidades. En los galpones ubicados en Gramoven los últimos mecánicos activos canibalizan las unidades paradas y hacen milagros para mantenerlas en circulación por las calles. Los autobuses no se pueden apagar por el temor de no poder ser arrancados de nuevo. La memoria y las huellas forman parte de los tópicos fotográficos contemporáneos, a través de autores como Simon Norfolk, quien se ha dedicado a documentar el paisaje devastado por los conflictos bélicos de Afganistán, Bagdad, Bosnia, Beirut e Israel/Palestina. Análogamente América Latina tiene sus propios parajes afectados por la acción del hombre. Dentro de esta nueva forma de mirar de la fotografía documental se intenta no obstante, no develar completamente el sentido la obra con el fin que el espectador tenga sus propias lecturas e interpretaciones. Finalmente se concibe al arte contemporáneo como un método de investigación y un medio para interconectar experiencias e información, con el fin de generar nuevas perspectivas y puntos de vista.

 

Eleazar Parra

 

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