Los Becher se iniciaron en Dusseldorf en 1957. Sentían una especial fascinación por la arquitectura industrial de la región de Ruhr, cuyos edificios parecían esculturas monolíticas que dominaban el paisaje. Deciden entonces fotografiar estos edificios industriales de manera metódica y formal durante más de 40 años, dando como resultado un trabajo conceptual tan sólido, que terminó definiendo un estilo que influyó luego de manera importante tanto a la fotografía contemporánea como a las otras artes.

Desde el principio demarcaron bastante bien las decisiones metodológicas que conformarían el manual de procesos bajo el cual se dedicarían a fotografiar estas estructuras. Estas reglas estarían dirigidas, de manera general, a optimizar y reglar el resultado final de las imágenes.

Estas decisiones incluían la hora en la que serían fotografiadas, las condiciones de luz ideales bajo la cual se trabajaría, la distancia a la que se ubicaría la cámara con respecto al sujeto e incluso el ángulo con respecto a las estructuras que se iban a registrar.

Todo estas “molestias” no eran banales. Tenían un propósito, igualar lo más posible los aspectos formales de las imágenes. ¿Pero con que fin? Sucede que ellos ya sabían la forma en que las fotografías se mostrarían al público: agrupadas en cuadrículas, con el fin de resaltar las similitudes de diseño que existen entre estructuras que comparten las mismas funciones y con ellas destacar también su belleza. De esta manera, el matrimonio Becher se aproximó a estas estructuras industriales con la misma intención y método que tendría un biólogo, que mediante el uso de la taxonomía busca catalogar cada espécimen para ubicarlo dentro de la familia a la que pertenece.

Algo similar al trabajo que desarrolló Karl Blossfeldt, quien fotografió plantas, a las que consideraba también como estructuras arquitectónicas; y parecido también al trabajo riguroso que desarrolló August Sander, de retratar a la población alemana para separarla según su estatus social y oficio.

El detonante, la pulsión del trabajo de los Becher, provino de una experiencia directa de Bernd Becher durante su infancia, al ser testigo de cómo en su ciudad natal desaparecían muchas de estas estructuras con el paso del tiempo. Por eso este proyecto significó también una forma de resguardar la memoria, ya que había la urgencia de fotografiarlas antes de que fueran demolidas y destruidas por completo.

De ahí que este trabajo remite también a la identidad. Cada una de las estructuras en algún momento fue muy importante para las personas que vivían a su alrededor, como lo fue para Bernd Becher. Esta importancia no se debe solo a que formaba parte del paisaje de estas personas; sino porque también eran parte de su vida, al haber sido en muchos casos la fuente de ingresos para sostener a sus familias.

Todos estos edificios que fueron fotografiados por los Becher, para muchos espectadores probablemente no generen ninguna emoción o sentimiento particular. Pero para los que las conocieron y las vivieron no cabe duda de que son hitos importantes, que conforman su memoria y su identidad.

Justamente es desde la memoria y la identidad, que son definitivamente aspectos indivisibles, por ser la segunda consecuencia natural de la primera, que me planteo la intención de este trabajo. Y su alcance y dirección provienen de la pregunta ¿Cuáles son esas estructuras funcionales presentes en nuestro país, que nos identifican como venezolanos, que al verlas nos remiten a nuestra identidad, a nuestro gentilicio?

Definitivamente son aquellas con las que nos topamos cuando recorremos el país y que no podemos evadir si queremos disfrutarlo como verdaderos ciudadanos. Son kioscos, avisos de No Pare en las rejas de las casas y mucho más. La idea es que este trabajo no solo sirva como un estudio “taxonómico”, sino que ayuden también al resguardo de la memoria colectiva de los venezolanos. Serán fotografías a las que podremos acudir en tiempos venideros no sólo para recordar, sino que también remitirán a quien las mire a encontrarse con su identidad.

Las fotografías serán a color para resaltar la no uniformidad típica de nuestro trópico, dispuestas en familia en una cuadrícula de 5×3. Se mantendrán aspectos importantes utilizados por los Becher como la iluminación homogénea, la distancia propia de la fotografía objetiva y la inclusión de parte del contexto para ayudar en la apreciación de su escala. La variedad de diseño y cromática serán importantes para construir las cuadrículas y contribuir con la experiencia estética del espectador.

 

Carlos González-Molina

 

Leer el trabajo completo aquí: Topicos Contemporaneos Trabajo Final