En la búsqueda de lo natural, de ser lo más puro posible, de acercarnos a nosotros como esencialmente somos, sin tantos adornos, ser uno. Somos un infinitos de cuerpos que ocupamos este mundo, que nos convertimos en marea, uno tras otro.

Nuestro entorno nos define y nos marca, nos hace sentir parte de algo, de algo profundo. Caminamos como parte de esa representación de lugar, somos el no-lugar andante.

Mientras conocemos, seguimos buscando tanto nuestra marca como lo que nos marcó, es la única forma de saber a donde andar. De saber como ser propio.

Pero no todo está definido por lo singular, el andar se une con la balanza de estar en tranquilidad con el resto.

Me pregunto si soy parte de este mundo, de este entorno, tal vez exploro ser sus tierras, sus aguas, sus caminos, sus cielos, desaparecer mi cuerpo en sus figuras, tal vez pueda ser montaña, puedo ser ola, puedo ser aire serena.

Si llego al horizonte, será probable que me funda con él, que me sienta infinita, que el tiempo no avance y en serenidad entender, este cuerpo que es mi hogar, esta mente que me llena, este corazón que acelera y desacelera las ganas y derrotas.

Porque vestida me cubro las carencias, cubro las dolencias, cubro la verdad, este no- lugar busca ser, y no estar. Quiere pertenecer, quiere ser reconocida.

Nacida en tierras calientes, llenas de agua, de infinitos cielos azules, de horizontes bien marcados, es mi huella de mis venas, del lugar que siempre pienso en hogar. No son las personas las que especialmente me llenan, sino los paisajes de mi memoria, de los que conozco y los que imagino conocer.

Un lugar que ya no está tan presente, pero sigue siempre en mi no-lugar andante. Ese arrastra la arena, deja hundida las líneas de sus creencias a donde vaya.

Seguiré navegando en esta búsqueda de mi lugar, de sentir ser finalmente tangible pero a la vez trasparente, poder fundir mi cuerpo con el resto de este mundo.

No importa los riesgos cuando se desea llegar. Aunque haya temores, empujo o me empujan. No se puede volver atrás, la verdad no, no quiero imaginar dejar de intentar ser libre, lo más libre que puedo, en mi piel expuesta llena de rasguños, lleno de sucio, de color no uniforme.

Me fundo con mis tierras, me fundo con la madre 7erra, como quiero unirme con mi espíritu, con la línea quieta del horizonte, sin tantas trabalenguas.

Espero llegar a ser luz, ser calor, sentir el sol, tener la iluminación correcta, de saber ser, de saber donde estar. Y cuando me acelere encenderme en llamas, pero no desatada, porque sino es hora del mar, de apagar lo que daño hace, no solo a mi, a los demás.

Parece que es la combinación de lo inquieta con lo quieta que me hace ser velo ligero, que vuela por el libre viento. No puede parar, solo puede ir, sentir, chocar, arrastrar, sin rumbo al que debo llegar. Solo la vida puede frenar con el bendito tiempo, sin embargo podemos seguir en otro imaginario plano, otro no lugar.

 

Erika Della Giacoma

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