De las representaciones visuales del cuerpo, solo pocas despiertan el deseo del tacto como la roca esculpida. Sobre lo brusco e irregular se da origen a lo terso y uniforme, bello y casi perfecta, pero distante de su par originario: la piel.

Unica e insustituible, la piel es el firmamento del ser; lo que lo contiene y lo muestra. Es imperfecta, y por lo tanto más cercana a cada uno que cualquiera de sus versiones representativas. Similar y único, el cuerpo es una experiencia individual, que suma y resta a medida que se conoce, sujeta al deseo y la añoranza de un igual, a veces inalcanzable.

El cuerpo es el ensayo vivido y por vivir, el deseo inextinguible. La escultura, hecha del material mas bello, su versión ideal, fría y casi siempre alejada. Ambas interpretaciones llaman al tacto; solo una lo llena de mayor emoción.

 

Pedro Tovar

 

Ver el ensayo aquí: Que miras cuando te miro – Ensayo