Nacido en Caracas en 1969, Juan Toro Diez ha desarrollado una fructífera carrera artística a lo largo de más de una década, durante la cual ha exhibido su obra de manera individual y colectiva, en galerías y museos de Venezuela, España, Santo Domingo y Chile; además ha obtenido importantes reconocimientos como son: Primer Lugar (Fotografía) en el 1er Concurso Arte Sin Mordaza, y Primera Mención en la Primera Bienal de Fotografía Venezolana Daniela Chappard 

MS – ¿Cómo y cuándo, comenzaste con la fotografía? 

JT – Desde muy joven me interesó el cine y quise estudiarlo, pero en ese momento no pude llegar para allá y comencé a pensar que si podía dominar un cuadro (la fotografía), quizás en algún momento podría dominar ese cuadro que se mueve, que es el cine básicamente. Decidí estudiar Comunicación Social en la Universidad Central de Venezuela ya que era lo más cercano que había en aquel momento (hace 31 años atrás) a la fotografía. Estudiando mi carrera, vi algunas cosas de fotografía…muy mal vistas por cierto. Te enfrentabas primero a profesores que no estaban motivados en aquel entonces y segundo, te enfrentabas a laboratorios que no tenían equipos, por lo que tenías que llevar el tiempo de revelado de un rollo o de una copia con un metrónomo de música, por ejemplo. Todo era muy precario. 

Antes de terminar la universidad, comencé un curso que daba un profesor de fotografía, Ricardo Ferreira. El daba un curso muy básico en el tema de la fotografía, en la fundación Neumann que era parte del instituto de diseño Neumann. Él tenía un curso que daba en horarios fuera del instituto y ahí fue donde hice un poco más serias las cosas. 

Creyendo que ya lo sabía todo, busque unas pasantías en el periódico “El Universal”. En aquel entonces para quedar como fotógrafo en este periódico, tenías que esperar que falleciera alguno de los fotógrafos que ya tenía el puesto, debido a que era una institución. Esa es una de las cosas interesantes que tuvo el periódico en ese momento. Empezabas a trabajar con personas que eran instituciones dentro del medio. 

Al jefe de fotografía no le gustó mucho la idea de que le metieran a un pasante y comenzó a hacerme la vida un poco difícil. Me daba los restos de los rollos para que fuese a cubrir algún evento. 

Allí conocí a fotógrafos dentro del mundo del periodismo que me parece que fueron muy interesantes, por ejemplo Enio Perdomo, Correales. 

Esta experiencia duro entre los dos y tres meses. Luego, le hice las vacaciones a una fotógrafa en el diario que ya no existe “Economía Hoy”, donde tuve la suerte de recorrer más lugares y adquirir más experiencia. 

En una oportunidad se pauto un viaje a la frontera, donde había cosas que en el área de la técnica que aún no sabía manejar y me encontré en una pauta de esta magnitud. No sabía si tenía los lentes o equipos adecuados para hacerlo, pero gracias a dios se fueron resolviendo las cosas. 

Decidí empezar a trabajar por mi cuenta en fotografía comercial, agarre un par de clientes, sin mucho conocimiento. Recuerdo una revista que ya no existe tampoco, se llamaba “Usted”, que era muy similar a lo que fue la revista “Gerentes”, donde me dijeron que tenía que trabajar en transparencia y no tenía ni la más mínima idea de lo que era eso, ni donde o como lo iba a revelar. Entonces claro, siempre esos inicios fueron así, con muchos tumbos pero también con mucha suerte ya que uno resolvía y salía adelante. 

Luego conozco a un fotógrafo establecido, Gabriel Reig, quien tenía los conocimientos muy bien fijados sobre la técnica de la fotografía pero no tenía los clientes, entonces le dije que yo ponía los clientes y el me enseñaba todo lo que sabía. 

Empezamos a trabajar de esa forma, donde se empezó a abrir un mundo dentro de la fotografía editorial que es donde yo empecé a trabajar comercialmente por mucho tiempo. Conformamos una compañía, mi compañero antes mencionado, entro también Walter Otto y mi persona, que se llamó “Contratipo”, que es una especie de negativos de vidrios antiguos. 

La idea era que ninguno de nosotros firmara el trabajo, sin importar quien haya tomado la fotografía, siempre salía firmada con el nombre de la compañía. 

Llegó un momento en el que estábamos majeando unos 10 clientes a la vez, revelábamos 80 rollos a la semana en transparente 120. Esta compañía duro entre los 5 y 6 años, manejando clientes como CANTV, Estampas, Banco de Venezuela, también revistas como Too Much, Gerente, Publicidad Mercadeo, etc. Y así es como fueron mis primeros pasos en la fotografía. 

MS – ¿Cuál es su estilo favorito de fotografía? 

JT – A mí siempre me interesó la posibilidad de documentar. Si esa pregunta me la hubieses hecho hace un tiempo atrás, te habría dicho efectivamente, la fotografía documental. 

Hoy en día, yo no sé si te podría hablar de un tipo de fotografía favorito, ya no ando en eso de entrar en una sola definición ya que terminan encasillándome. Ya a mí no me interesa identificarme con un estilo fotográfico. Claro, en el mundo editorial tuve que hacer de todo, desde fotografiar productos, hasta hacer Playboy. Entonces, de alguna manera hoy en día pienso en que sí, me interesa registrar, hacer memoria pero si lo tengo que hacer a través de un documento o a través de otro proceso que no sea la fotografía, ya no me interesa. Lo que pienso ahora finalmente es en cómo desarrollar conceptos que hablen de los temas que me interesen. 

En efectos mis fotografías tienen una base documental segura, sin embargo a mi lo que me interesa hoy en día es algo a lo que yo llamo “La segunda mirada”. 

Todo mi trabajo tiene un basamento de alguna manera en hechos informativos, acontecimientos que están pasando en el país pero el detalle está en que yo no voy directamente al evento. Si voy a trabajar las protestas, por ejemplo, no voy a ir a fotografiar la protesta en el momento que está ocurriendo, yo la trabajo con los vestigios que deja. Voy rearmando esos conflictos desde el sosiego, desde la distancia, porque desde allí es desde donde me interesa generar un contenido. Me interesa rearmar esos acontecimientos desde otra perspectiva. 

Creo mucho en el dicho de que es bueno alejarnos, dar un paso atrás en una situación pero solo con el propósito de tener una vista más amplia del panorama, y al tener esto, puedes tomar la decisión de por dónde vas a abordar estos problemas. Eso es lo que a mí me interesa hoy en día. 

MS – ¿Qué fotógrafo/a lo inspiró o inspira? 

JT – Hay fotógrafos que uno considera como sus maestros, y aquí en Venezuela hay una persona que me parece muy importante siempre volver a él y ese es Nelson Garrido. Él tiene una capacidad y una visión que no se limita al hecho fotográfico. Nelson es una de las personas que está diciendo todo el tiempo “Debemos dejar de pensar en fotografía para comenzar a pensar en imágenes”. La imagen es un hecho donde está contenida la fotografía y otra cantidad de cosas más y por tener pensamientos como estos, empiezan a tildarte como artista y a verte como un bicho raro. Nelson tiene la capacidad de abordar unos temas desde unas perspectivas bien distintas y sobre todo de ser un gran maestro, además de amigo. 

Hay otro fotógrafo al cual yo admiro mucho que es Edgar Moreno, quien tiene una capacidad de entender los procesos y de decir cosas muy acertadas en medio de esto que es la fotografía. Luis Brito también entra dentro de los fotógrafos Venezolanos que aprecio. 

Dentro de la fotografía editorial, recuerdo mucho a “Los Ricardos”, ya que cuando hacíamos algún trabajo, tendían a decirnos que querían que se pareciera al trabajo de ellos. 

Por otro lado, como mi tema fundamental es la violencia y el poder en cualquiera de sus manifestaciones, siempre estoy buscando fotógrafos que tengan relación a estos temas. Tarym Simon es una fotógrafa actual que aborda el tema del poder. Adam Broomberg and Oliver Chanarin, quienes trabajan los procesos de intervención de libros, el poder, la política y temas sociales, pero lo que los hace interesante a ellos es la forma en la que abordan estos temas, no son de manera tradicional. 

Me interesan fotógrafos que estén en proceso de apropiación, intervención de archivos y procesos de búsqueda de nuevos lenguajes. Ese tipo de fotógrafos son los que me interesan porque creo que la fotografía está en un proceso de cambio, el cual de alguna manera aún no termina de manifestarse aquí en Venezuela. En otros países están incorporando elementos a sus discursos que inclusive pueden ir más allá de lo fotográfico. 

Otra cosa que también me está pasando en este momento es que estoy empezando a buscar personas que no son fotógrafos sino más bien todo tipo de artistas. Nelson siempre dice que un fotógrafo debe ser una persona muy curiosa y 

debe leer todo lo que le llegue para nutrirse. Joan Foncuberta trabaja la relación entre la frontera entre la ficción y la verdad, al igual que la Mexicana que me interesa muchísimo que es Teresa Margolles quien comienza como fotógrafa pero luego se va alejando de la fotografía, sin embargo, para mi es una de las artistas más serias que está trabajando la violencia en toda Latino América. 

MS – ¿Sus ideas/trabajos/fotografías son fruto de un estudio previo o espontaneas? ¿Cuándo tiempo le dedicas a la toma? 

JT – En principio, yo soy un gran recolector de cosas que estén relacionadas a los temas que generalmente trabajo. Voy ordenando los temas y a medida que vaya teniendo claro cada cosa, empiezo a fotografiar. Todo mi trabajo lleva un proceso arduo antes de la toma. 

Cuando comencé a trabajar con la violencia, comencé como todos yendo a escenas del crimen, que es donde empieza a surgir la búsqueda de ver cómo se pueden abordar esos temas desde otras perspectivas. 

Empezaron a llegar a mí objetos y a través de ellos empiezo a reconstruir las escenas de violencia o empiezo a hablar de situaciones de las cuales nadie quiere terminar de hablar. También puedo reconstruir una protesta desde el tema de los objetos. 

Yo voy pensando en el tema y voy recolectando objetos que estén relacionados para así convertirlas en imágenes y hacer un proceso de clasificación de las mismas. Por ejemplo, si voy a hablar del número de homicidios que ha ocurrido en un periodo dado de tiempo en el país, entonces busco las etiquetas que colgaban en los cuerpos de las personas al entrar a la morgue. A eso, comienzo a fotografiarlo, empiezo a darle volumen y hago una gran instalación en donde la gente puede entender la dimensión de lo que allí ocurre. Hago lo mismo con las protestas y con los problemas que me van interesando trabajar. 

A lo mejor, empiezo a buscar un elemento que me hable de un tema pero puede ser que no termine de salir hasta que no sé cómo lo voy a fotografiar. Hay algunas cosas que he fotografiado en fondo blanco que es lo más conocido y otras cosas las estoy empezando a fotografiar de diferente manera, porque eso tiene que ver también con la forma de como ves estos procesos, que son cosas que van cambiando en el tiempo. 

Yo hace 10 años que comencé a trabajar con el tema de la violencia veía las cosas de una manera completamente distinta, y por eso siguiendo un poco lo que dice Nelson sobre el tiempo: los fotógrafos debemos dejar de pensar en las paredes como el resultado final de trabajo o de inmediatez. 

La mayoría de los fotógrafos están formados de manera de que salen a tomar una foto y creen que esa imagen debe estar en una pared para ser vista. Lo que es importante de cuando tú asumes un tema es que tú lo consigues a largo plazo, es que primero asumes un proceso de investigación y que dentro de este proceso está la toma fotográfica, pero también están otros elementos que hacen que tú puedas ver esos temas desde perspectivas distintas. 

La primera exposición que yo tuve de violencia, que fue en el 2012 exponiendo las escenas del crimen, la gente entraba en la sala pero no duraba mucho tiempo adentro y salían corriendo, no se quedaban a ver las imágenes, ya que eran muy duras. Yo creía que me la estaba comiendo con esas fotografías. Eran 80 imágenes 

y yo termine transformándolas en unos bloques porque la violencia es un hecho repetitivo, pero la gente, el público, no podía con esa repetición. 

Hace dos semanas atrás, termina cerrando una exposición en donde yo agarre esas fotos iniciales de violencia y las cubrí todas con plástico negro y les abrí unas pequeñas rendijas en donde te daba un indicio de lo que allí pasaba, debido a que ya no me interesaba mostrar la imagen completa, lo que me interesaba era que la rendija diera una idea para que tu como espectador terminaras haciéndote una pista de lo que allí estaba pasando y si tú te hacías tu propia imagen, a lo mejor, era peor y más fuerte de lo que realmente estaba ahí y terminaba siendo tu propia imagen. Entonces tu relación con la violencia es una relación personal. ¿Y qué paso? La gente empezó a romper el plástico ya necesitaban ver la imagen completa. Entonces fíjate, las mismas imágenes presentadas de manera distintas, una de manera frontal y la otra desde el ocultamiento, generaron comportamientos totalmente distintos y eso, es lo que a mí me interesa. 

El tiempo es sumamente importante. Soy de los que piensa que los fotógrafos que salen a hacer la fotografía de su vida, estarán toda la vida haciéndola. Yo prefiero decir que estoy construyendo la fotografía de mi vida, porque cada trabajo va dando un aporte dentro de esa problemática y va sumando alguna parte a ese rompecabezas. Yo ya no estoy pensando en que voy a hacer la foto de mi vida, yo en realidad a lo largo de mi trabajo voy armando un rompecabezas que termina dándome una gran imagen de un hecho, entonces yo voy construyendo esa imagen. 

En mis procesos hay cosas que son muy importantes, como la fragmentación y la descontextualización, para así poder armar a través de ellos, esa visión del problema que estoy abordando. Entonces si ya estoy trabajando desde ese punto de vista, no puedo hacer una sola imagen que tenga todo ese sentido. A lo mejor puede ser una buena imagen pero eso no me llena, lo que me interesa es una imagen en donde puedas ver cómo se va armando como un rompecabezas. Ahí es donde esta esa gran imagen. 

MS – ¿Cuántas exposiciones has hecho? ¿Cuáles son sus nombres? 

JT – Para mí lo más importante de estos procesos expositivos, es la posibilidad de exponer estos trabajos en el momento que están pasando, ya si lo haces de esta forma, tu entras a denunciar un problema. En cambio, cuando expones un trabajo en otro momento, estos se convierten en memoria. Lo que me interesa en este momento es abrir los espacios para exponer mis fotografías ya, porque haciéndolo de esta forma, le da un sentido. 

Exposiciones importantes te diría la de la ONG, que la gente salía corriendo. Esa exposición se llamó “Nadie se atreva a llorar, dejen que ría el silencio” que fue entre el 2011 y 2012. Fue un trabajo muy duro, porque se retrata a un país decadente en el que la gente se ha adaptado. El trabajo está concebido para operar como un archivo, un contenedor de imágenes cuyo conjunto registra las huellas de la pérdida individual y colectiva de la vida. Estas mismas imágenes las expuse este año con el nombre de “ . . . “ con la diferencia de que estaban cubiertas con plástico negro y solo se podía ver una fracción de ellas. También está “Plomo en el Anexo”, “Índice Riesgo País” en la galería d´museo, “Fragmentos” en Roberto Mata. 

Después, todas estas exposiciones terminan transformándose en “Expedientes” que se expuso en el Maczul en el 2015 donde podías encontrar 350 etiquetas y 96 imágenes. Desde ese momento, esta exposición se ha expuesto 8 veces en el interior del país y cada vez se le ha ido agregando algo nuevo. De ahí en adelante, los expedientes han ido creciendo por imágenes que se han sumado a la exposición. 

A mi trabajo lo que lo hace importante es el hecho de la repetición, de la magnificación y todo eso para mí, forma parte del propio lenguaje. 

“Desaparecidos” se expuso en el 2015. 

“Costureras Destrozadas, Fin” en el 2015 en la galería tres y tres 

“Búnker” es un trabajo fotográfico sobre un secuestro. El lugar donde tenían a la persona, por donde se entraba, donde dormía y hacía sus necesidades el secuestrado y la imagen del hombre al momento de su rescate, que fue tomada con la cámara de la patrulla. 

Fuera del país expuse en Foto España en el 2010, en Barcelona dos veces y en Colombia y en cada una de esas exposiciones obtuve experiencias totalmente distintas. 

MS – ¿De qué trata su libro “Expedientes”? 

JT- Expedientes es el nombre del libro. Contiene fotos del 2009 hasta el 2015. En él están contenidas y organizadas todas mis exposiciones, que son: las etiquetas, los plomos, los fragmentos y las imágenes de la fábrica que cierra. 

Yo no escribí ni una palabra del libro, yo lo que hice fueron las fotos. Busqué para cada uno de esos expedientes una persona que había estado conmigo a lo largo del proceso. Por ejemplo, Nelson Garrido hace el prólogo. Félix Suazo y Gerardo Zavarce que son investigadores que han estado conmigo desde el principio, escriben textos hablando sobre los procesos y las obras. Alberto Asprino escribió el texto de los plomos, Marisol Iglesias que es una amiga periodista escribió sobre las etiquetas. Lourdes Piñaranda escribe el texto de los fragmentos, una psicólogo a donde iba escribe la parte de los blíster, una amiga periodista de economía escribe los textos sobre las sillas, Luis Vicente León escribe el texto sobre los alimentos que ya no están y así cada persona da su aporte. 

Pueden ver aquí una Selección de la obra de Juan Toro Diez.

Maria Stefania Lopez Kubelt